Paisajes emocionales. Sentir el silencio. No un silencio vacío, sino ese que hay al amanecer en un jardín antes de que empiecen a cantar los pájaros.
El mural no termina en los árboles. La vegetación inferior parece querer salir de las piezas y continuar por el suelo. Eso hace que funcione especialmente bien en arquitectura: no se queda en una pared, sino que parece prolongar el espacio.